Esperanza que no avergüenza.

El apóstol Pablo escribió que “tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo…y tenemos entrada (véase el simbolismo del arca de Noé) por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes” y que “la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”. Las tribulaciones producen calma en la tormenta y esa paz en la tormenta presenta evidencia que autentica nuestra fe. En una fe comprobada intensificamos nuestra esperanza en nuestra herencia y las promesas de Dios.

Recuerdo haber leído que la frustración ocurre cuando las expectativas descansan sobre algo o alguien. Cuando no tenemos expectativas de una persona, no nos puede frustrar ni decepcionar lo que haga o no haga. Cuando nos frustramos y cuando nos decepcionamos hemos puesto nuestra esperanza en algo o alguien que se quedó corto, que le quedo grande la camisa. Pablo nos recuerda que la esperanza que viene de Dios para sus hijos descansa sobre El. Entonces, jamás seremos decepcionados, ni frustrados. Esa esperanza supera y alcanza más allá de cualquier “tragedia” en esta vida porque descansa sobre Cristo, quien sostiene la vida. La línea de vida de un creyente es color esperanza; no tiene color de depresión, ansiedad, ni frustración. “Estamos firmes”, pues su “esperanza no avergüenza”.

Romanos 5

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