Un Sermón. Un sermón escrito es el libro de Eclesiastés. Como rey, cuantas veces reunió Salomón a su pueblo para sus discursos. Sabemos uno de esos discursos en I Reyes 8:12-66, donde pregunta retóricamente, “¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿Cuánto menos esta casa que yo he edificado?” (I Reyes 4:27). Y a través del discurso Salomón presenta el templo a Dios como el lugar de encuentro con su pueblo escogido.

Salomón exclama, “tu oirás desde el cielo y actuarás, y juzgarás a tus siervos, condenando al impío y haciendo proceder sobre su cabeza, y justificando al justo para darle conforme a su justicia” (I Reyes 4:32).

Salomon exhorta a su pueblo a que “sea, pues, perfecto vuestro corazón para con Jehová nuestro Dios, andando en sus estatutos y guardando sus mandamientos, como en el día de hoy” (I Reyes 4:61).

El libro de los Reyes continúa narrando que “entonces el rey, y todo Israel con él, sacrificaron victimas delante de Jehová… 22,000 bueyes y 120,000 ovejas” (I Reyes 8:62-63).

¿Qué pasó? ¿En qué momento se perdió el ungido de Dios, el escogido de Dios, el hombre más sabio de la humanidad?

¿Cómo cambio a Dios por sus ídolos? ¿Y qué del ídolo de sí mismo—700 esposas reinas y 300 concubinas? ¡Cómo es posible! Después de todos esos años de promesas hechas y promesas cumplidas, Dios mismo le apareció y le habló, prosperidad y paz en el reino, se desvió su corazón. Como consecuencia, todo estaba por perderse. Ahora en su vejez, Salomón lo sabía.

Salomón toma su pluma y empieza a escribir, “muestra la vanidad de las cosas que los humanos buscamos para felicidad, como la educación e influencia, placer sensual, honor y poder, riquezas y grandes posesiones. Después, describe la aflicción de espíritu que las acompaña. Aunque no podemos curar estas cosas de su vanidad, si podemos prevenir los problemas que nos dan al soltarnos de ellas, disfrutándolas cómodamente, pero poniendo bajas expectativas en ellas, descansando en la soberanía de Dios concerniente a todo evento, especialmente recordando a Dios en nuestra juventud, y continuando en el temor de Dios y su servicio todos nuestros días, con ojos al juicio que se acerca” (Henry, 1710).

Salomón nos muestra el resultado de descansar en nuestra sabiduría, y la inmensurable gracia de Dios de hacerlo sabio para justicia, para ser hecho justo. “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre” (Eclesiastés 12:12).

Bibliografía

Matthew Henry. (1710). Matthew Henry´s Commentary on the Whole Bible. Old Tappan, New Jersey: Flemming H. Revell Company.

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