¡Alzad vuestras cabezas! Parte III

¡Alzad vuestras cabezas! Parte III

Escarbando más profundo, encontré que los estudiosos interpretan este pasaje como un tipo de advertencia a los levitas. Ellos eran los escogidos por Dios para cumplir con la responsabilidad de sacerdote, los mediadores entre pueblo y Dios, y cuidar del templo, donde esperaban los judíos estuviera la presencia de Dios por siempre. David escribe este canto recordando a los levitas de la alta importancia de su rol y describe la entrada del arca del pacto al tabernáculo sobre el Monte de Sion, el sitio donde sería construido el templo. Se entiende como un canto coral en formato de llamada y respuesta. Imaginá una procesión de levitas, sacerdotes, músicos transportando el arca del pacto al monte de Sion. En el camino cantaron la primera sección del salmo. Encabezados por el músico principal, tal vez el rey mismo, acompañan con música instrumental hasta que llegan a la entrada y exclaman:

(continuando salmo 24:7-10)
Alzad, oh puertas, vuestras cabezas,
Y alzaos vosotras, puertas eternas,
Y entrará el Rey de gloria.

Alguien dentro de las puertas responde:
¿Quién es este Rey de gloria?

Con fuerza y júbilo responden:
Jehová el fuerte y valiente,
Jehová el poderoso en batalla.

 Y enfatizan:
Alzad, oh puertas, vuestras cabezas,
Y alzaos vosotras, puertas eternas,
Y entrará el Rey de gloria.

Vuelven a preguntar de las puertas, para asegurar que el que viene es digno de ser recibido:
¿Quién es este Rey de gloria?

Responden con gozo y seguridad:
Jehová de los ejércitos,
El es el Rey de la gloria. Selah.

Dice un comentarista reconocido que la entrada del arca del pacto al lugar santísimo del tabernáculo sobre el monte de Sion simbolizó la entrada triunfal de Cristo al cielo después de su ascensión desde la tierra. Cristo es el único que puede calificar a subir al monte de Jehová y morar en su presencia por siempre, solo él tiene un corazón puro, manos limpias y un alma justa. Después de su muerte y resurrección, regreso victorioso de la batalla final que ganó la guerra contra el enemigo, el pecado y la muerte; regreso como rey sobre la tierra y su plenitud; regreso glorioso en toda su divinidad. Isaías lo vio como un rey en el templo, sus vestiduras llenaban el lugar y su gloria abrumó sus cinco sentidos mientras le alababan los ángeles de más alto nivel, “Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria” (Is. 6:3). Cristo, resucitado y vencedor, está por sobre los cielos y los ángeles, “Él es el rey de Gloria”.

¡Por tanto! “Abrid las puertas, y entrará la gente justa, guardadora de verdades” (26:2-4), dijo Isaías. Y continúa explicando que Dios guarda en completa paz a aquellos que perseveran y confían en El. Y nos llama, “confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos”.

En Cristo, hallamos pureza y santidad para ser elevados al monte de Jehová y estar en su presencia perpetuamente. ¡Cuánto nos enfocamos en su dolorosa muerte, pero pasamos desapercibidas las delicias de su victoria! Por este momento, nos enfocamos y alabamos a Cristo el Salvador y Victorioso en batalla. Pues su victoria es nuestra al arrepentirnos de nuestra rebelión y pecado para rendirnos ante su majestad, descansando en la obra de su muerte y resurrección para reconciliarnos con nuestro Padre Eterno. En Cristo, somos parte de la generación que busca el rostro del Dios de salvación. Entonces, si existe esa generación y seremos millares y millares los que nos uniremos a cantar este salmo en su presencia—para siempre.

El canto de la ascensión. El evangelio según David.

Es así que nos unimos al salmista haciendo este canto nuestro (salmo 118:1, 14-23):

Alabad a Jehová, porque él es bueno;
Porque para siempre es su misericordia.

Mi fortaleza y mi cántico es JAH,
Y él me ha sido por salvación.

Voz de júbilo y de salvación hay en las tiendas de los justos;
La diestra de Jehová hace proezas.

La diestra de Jehová es sublime;
La diestra de Jehová hace valentías.

No moriré, sino que viviré,
Y contaré las obras de JAH.

Me castigó gravemente JAH,
Mas no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas de la justicia;
Entraré por ellas, alabaré a JAH.

Esta es puerta de Jehová;
Por ella entrarán los justos.

Te alabaré porque me has oído,
Y me fuiste por salvación.

La piedra que desecharon los edificadores
Ha venido a ser cabeza del ángulo.

De parte de Jehová es esto,
Y es cosa maravillosa a nuestros ojos.

¿ya te diste cuenta? ¿ya levantaste la mirada?

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¡Alzad vuestras cabezas! Parte II

¡Alzad vuestras cabezas! Parte II

Salmo 24:3-6 (RV1960)

¿Quién subirá al monte de Jehová?
¿Y quién estará en su lugar santo?

El limpio de manos y puro de corazón;
El que no ha elevado su alma a cosas vanas,
Ni jurado con engaño.

El recibirá bendición de Jehová,
Y justicia del Dios de salvación.

Tal es la generación de los que le buscan,
De los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob. Selah

El predicador resaltó este punto: si David escribió este Salmo después de cometer su pecado con Betsabé y contra su esposo, entonces es imposible que el califique para subir al monte de Jehová y estar en su monte santo. ¿Acaso se podría llamar limpio de manos y puro de corazón? ¡Cometió adulterio y homicidio planificado!

Otra versión traduce la cuarta línea de este pasaje como: “el que no adora ídolos vanos, ni jura por dioses falsos” (NVI). “Elevar [mi] alma a cosas vanas” implica que algo ha tomado el lugar de Dios en mi vida, pues el centro de mi existencia debe ser Dios. Ser cristiano no es darle atención ocasional a Dios; ser cristiano es vivir centrado en Dios, que Él sea mi oxígeno y mi sangre, que su gloria se refleje en mi como los rayos del sol se reflejan sobre un diamante.

Bueno, tal vez David no califica como limpio, puro y libre de engaño, pero alguno podría decir que no ha cometido adulterio, ni fornicación, y mucho menos homicidio. Pero, ¿no fue Jesús que predicó en el Sermón del Monte (Mateo 5-7) diciendo que cualquiera que se enoje contra su hermano y le diga necio o fatuo esta “expuesto al infierno de fuego”? ¿No fue en ese mismo sermón que Jesús condenó el ver a otra persona con lujuria como equivalente al adulterio mismo? Y allí mismo Jesús condenó el responder mal con mal, llamándonos a responder mal con amor, para ser perfectos como el Padre e hijos de Dios. La venganza es elevar mi alma al orgullo, uno de los pecados que Cristo condenó sin restricción en sus enseñanzas. Y, ¿cuál es el mandamiento más grande de todos? Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.

¿Quién no ha usurpado el lugar de Dios en su alma con deseos carnales, placer, familia, y cualquier otro ídolo? Pecamos por disposición, deseo y acción. El conoce los pensamientos más ocultos de nuestra mente. “¿Quién puede discernir sus propios errores? Absuélveme de los que me son ocultos”, rogó David en otro salmo (19). ¿Hay alguien que no es culpable de lujuria, ira, orgullo o idolatría en algún momento de su vida?

Imposible. Nadie califica. Ningún ser humano. ¿Entonces quien subirá al monte de Jehová para estar en su presencia? Y si nadie califica, ¿Quién podrá recibir la bendición y ser hecho justo? Y si no hay persona que cumpla ese rol, ¿entonces no existe tal generación de los que buscan a Dios?

¿Cómo podemos ser librados de las cadenas pesadas del pecado? —esas cadenas que nos someten a un castigo eterno por nuestra rebelión y a una separación eterna de Dios. Es decir, una muerte eterna—ausentes de la presencia de Dios. Nuestras manos están manchadas de sangre, nuestro corazón lleno de perversidades y nuestras acciones y palabras envenenadas por nuestra idolatría. ¿Será que no hay esperanza de reconciliarnos con el Dios Santo?

Para el rey David y para nosotros fue y es necesario un intercesor y mediador.

Jesús le explicó a Nicodemo, el líder religioso de los principales judíos, que lo buscó de noche para platicar, en busca de respuestas (Juan 3:13-15, RV1960):

Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.

¡Alzad vuestras cabezas! Parte I

¡Alzad vuestras cabezas! Parte I

4 de Enero, 2016
Redmond, Oregon

Hace poco hice un comentario sobre una imagen subida a una red social: “Vale la pena cambiar de ecosistema de vez en cuando”. La imagen es majestuosa. Y aun así, no le hace un ápice de justicia a la ´asombrosidad´ de estar allí contemplando las maravillas del Creador. Era la imagen ideal y apropiada para insertar un fragmento de las Sagradas Escrituras y expresar fascinación por alguno de los atributos de Dios. Pero, no lo hice.

El mayor impacto que recibí de haber ´cambiado de ecosistema´ fue sentarme en una banca tapizada, en un edificio moderno y con todas las comodidades, reunido con una iglesia que me son desconocidos. En fin, es el primer día del año y estamos reunidos en un entorno totalmente nuevo y presentan un joven predicador, que sirve como pastor de jóvenes en la iglesia y nos lleva al Salmo 24. Un salmo que no solo he leído repetidas veces, sino también memorice hace años. Voy a compartir un extracto de su exposición de la palabra de Dios, espero que pueda edificarte como lo hizo para mí. Su palabra es más fuerte y estruendosa que todas las maravillas de su creación.

Abriendo el salmo, que es un canto de alabanza, con un enfoque global (grande) también es imposible ignorar que el Salmo tiene un enfoque personal. Por tiempo y espacio, me voy a enfocar en el mensaje personal separando el pasaje en secciones:

Salmo 24 (RV1960)

Salmo de David

Si David escribió este Salmo antes de cometer el pecado que mas marco su vida (la inspiración del Salmo 51), David estaba en lo más alto de su caminar con Dios y posición ante los hombres. De ser el menor de sus hermanos y pastor de ovejas, la derrota de Goliat y filisteos marcó el inicio de su ascenso a rey de Israel a través de una cadena de eventos. Si lo escribió después, definitivamente no califica para subir al monte de Jehová pues había cometido adulterio y fue el autor intelectual del asesinato del esposo de Betsabé, uno de sus siervos y amigos más leales.

De Jehová es la tierra y su plenitud;
El mundo, y los que en él habitan.

Porque él la fundó sobre los mares,
Y la afirmó sobre los ríos.

David hace eco a las palabras de Job mientras padecía la perdida de todo: “[Jehová] extiende el norte sobre el vacío, cuelga la tierra sobre la nada. Ata las aguas en sus nubes, y las nubes no se rompen debajo de ellas…su espíritu adornó los cielos; su mano creó la serpiente tortuosa. He aquí, estas cosas son sólo los bordes de sus caminos; ¡y cuan leve es el susurro que hemos oído de él!” (Job 26:7-8, 13-14).

Todo es de Jehová, desde la pulga casera hasta el elefante colosal; desde los montes que rascan el cielo en la Patagonia hasta las junglas vastas y vírgenes de la Mosquitia que nos esconden la fragilidad de civilizaciones perdidas; desde el balance perfecto de la temperatura adecuada, las poblaciones de las especies, la cadena alimenticia y las formaciones de relieve en el paraíso submarino de los arrecifes hasta la complejidad del ojo humano—¡todo lo creó Dios y cada detalle de la expansión del universo! ¿Te haces una idea de quién es Dios? ¿Qué podemos ser nosotros comparados a El?

A eso Job concluye maravillado y con humildad: “Pero el trueno de su poder, ¿Quién lo puede comprender?”

Seguro este mismo sentimiento inspiró que un compositor escribiera:

La creación canta la canción del Padre;
Llama el sol a despertar el alba
Y a conducir el día
Llega el atardecer carmesí.
Sus huellas en copos de nieve,
Su aliento sobre el girar del globo,
El traza el vuelo del águila,
Comanda el llanto del recién nacido.

¡Aleluya!
Levántese toda la creación y cante: “¡Aleluya!”
Llénese la tierra con cantos de adoración,
las maravillas de la creación del Rey.

(traducido literalmente de: Townend, Stuart. “Creation Sings”. Creation Sings. 2009.)