Han pasado meses… me causa gran remordimiento. La verdad es que, si he escrito contenido, pero no lo he visto sustancial para compartir (y este post no necesariamente merecerá el calificativo de “sustancial).  Esta semana me resaltó el Salmo 111.  Hoy mi oración es por cada cuerpo de creyentes esparcido por toda la tierra. Aquellas que se basan en la Biblia, que predican el evangelio y que buscan solamente la conversión de almas, bautizarlos y enseñarles todas las cosas que el Padre de la salvación, misericordia y consolación nos ha revelado en Cristo, por obra del Espíritu Santo en nuestros corazones [la colección de pensamiento, emociones y voluntad].

Antes de hacer un clavado y sumergirnos en las profundidades del mar de Su gracia, ¿recordas que Pedro en su primera epístola explica como los profetas “inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos” (I Pedro 1:10-12)? Pues no me termina de maravillar cuanto se reveló en los Salmos sobre “esta salvación” que venía a reclamar el pueblo de Dios de todas las naciones. Además de eso, me maravilla, que sin tener el conocimiento que nosotros tenemos de la obra de la salvación—Cristo muerto por nuestros pecados y resucitado para vencer el imperio de la muerte—como eran conmovidos a rendirse a Dios y adorarle en todo, expresado en los Salmos.

Quiero compartirte lo que me conmovió de este pasaje. No es mi intención entrar a un estudio profundo, así que estoy sujeto a cometer errores que agradeceré me corrijas si encontrás alguno.

“Alabaré a Jehová con todo el corazón en la compañía y congregación de los rectos. Grandes son las obras de Jehová, buscadas de todos los que las quieren”, (Reina Valera 1960).

¿Cuál es la obra más grande de Jehová? Que no escatimó dar a su unigénito [único de su misma sustancia] Hijo y su Hijo se sometió, sin titubear, a Su voluntad para recibir la ira de Dios por los pecados de muchos. Nos hizo nuevos y, por medio del Espíritu Santo nos transforma [no solo nos mantiene, que en sí es un milagro] para ser incrementalmente como Cristo hasta el día que estemos con El.

Esos pecados en si son producto de nuestro rechazo descarado, ingrato y rebelde de Dios, quien es lo más deseable ante todas las cosas. Pues Dios es la bondad absoluta, la fuente de la justicia más perfecta y la esencia de la pureza. Sabemos que si algo o alguien es bueno, solo puede serlo si repudia lo malo y actúa justamente hacia eso. Y siendo Dios la bondad absoluta, su respuesta a lo malo debe ser fulminante y eterna. A la vez, su respuesta a lo bueno [que inicialmente fluye de la fuente de lo bueno—la bondad absoluta: Dios mismo] es un resplandor infinito de amor.

Ya que no hay nada bueno fuera de Dios, y nosotros en nuestro pecado decidimos rechazar a Dios: quedamos fuera de Dios, separados de El y condenados a pagar el pecado con muerte. El añadió humanidad a sí mismo, en Cristo, para que hubiera una vida sin mancha, que pudiera tomar el lugar de nuestra vida llena de maldad; para que hubiera alguien perfecto y sin una pizca de maldad que recibiera el castigo impagable por nuestros pecados; para que hubiera alguien perfecto para vencer el imperio de la muerte y así liberarnos de su cadena. Cristo es un conquistador que penetró las líneas enemigas y las venció contundentemente para liberarnos de las cadenas de la muerte y hacernos más que vencedores en El, por medio de El, para El. Cristo nos arrebató, no como botín de guerra, sino para ser hechos hijos del Padre y Cristo fuera el mayor de muchos hermanos. Por lo tanto, es natural y indispensable que todo creyente alabe a Jehová con todo el corazón y busque sus obras.

“Alabaré a Jehová con todo el corazón en la compañía y congregación de los rectos. Grandes son las obras de Jehová, buscadas de todos los que las quieren”.

¿Hermano y hermana, no crees que ese verso debe salir de todo corazón y con toda la fuerza de nuestra voz? Si logras empezar a envolver tu mente sobre la obra más grande de Jehová—nuestra salvación—y has profesado ser salvado para ser hecho hijo de Dios, deberías estar envuelto todos los días en buscar sus grandes obras. Deberías encontrarte en la compañía y congregación de los rectos rebalsando de alabanza por tu salvación, sirviendo a tus hermanos y hermanas que comparten en este el milagro más grande de todos. Deberías hallar plena alegría y placer en escuchar y proclamar Su verdad y justicia.  Deberías estar junto a tu iglesia en cada reunión alabándole de todo corazón. Es mi oración que podamos encontrar cada redimido de Dios participando de las riquezas de Su gracia y alabándole de todo corazón “en la compañía y congregación de los rectos”.

Si este verso no te sale de todo corazón y con toda la fuerza de tu voz—órale a Dios que te llene de una sed por su pueblo, por sus palabras para vos [Biblia] y por el conocimiento de EL mismo. Levántate y rodéate de otros que si buscan sus grandes obras. Solo hay una manera de contagiarse de un amor perpetuo por Dios—rodearse constantemente de otros que ya lo viven. “Prefiero a Jesús”, repite un himno, “prefiero ser guiado por su mano fiel”.

Y solo fueron los primeros dos versos de ese Salmo…

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2 thoughts on “Sacrificio de Alabanza

  1. Me encanta este post mi amigo y hermano.

    Es uncreible como Dios entregó a su unico hijo, Santo y perfecto. Todo para redimirnos de nuestra maldad y me duele saber que somos mal agradecidos y cada dia despreciamos su sacrificio, gracias por tu consejo, lo que dices es muy cierto, unidos en la misma tribu y en un mismo sentir es como podemos incrementar nuestra pasion y nuestra sed de alabar y rendir adoracion a nuestro salvador y creador Dios.

    Quisiera aportar un pensamiento.

    Cuando estamos en problemas tenemos tapados nuestros ojos y decimos ¿Donde esta Dios? pero cuando adoramos y alabamos a pesar de nuestra situacion, Dios se encarga de nuestras necesidades y nuestros ojos son abiertos.

    Entonces…

    ¿Por que no alabarle? Si aparte de que es nuestra mision como sus hijos, tambien es beneficio para nosotros.

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    1. Así es, cuando David fue castigado por su ofensa con la muerte de su bebé. Al morir su bebé, el se aseó, se alistó y se fue al templo a adorar. Fuertísimo ejemplo para nosotros. Muchísimas gracias por tu comentario.

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