Coronado de Gloria

Coronado de Gloria

“Gloria y hermosura es su obra, y su justicia permanece para siempre. Ha hecho memorables sus maravillas; clemente y misericordioso es Jehová“ (Salmo 111:3-4).

El sendero está marcado por centenares de curiosos que quisieron ser absorbidos por los imponentes cedros, guarumas y tontoles; los enormes helechos que visten las columnas del bosque; y la orquesta síncopa de aves—centenares. Comenzas el peregrinaje hacia la cumbre y progresivamente experimentas la metamorfosis a un bosque nublado. Las nubes: la corona real de la gigante piedra caliza que irriga las arterias que avivan el cuerpo que llamamos ecosistema. Una corona viva, blanca en pureza, tangible pero intangible, ilustra el aliento divino que da vida, pues allí origina lo que sustenta la vida vegetal, animal y humana—su industria, salud y supervivencia. Mientras caminas sentís en tus pies un suelo confortante y que a la vez te advierte que sos extranjero, mientras te obliga respetar la montaña en cada paso. Una alfombra que es nueva todos los días, y muere todos los días. Una obra de arte abstracta pintada con el suspiro y el esqueleto de hojas multiformes. De repente, volteas a ver y observas. Arriba, abajo, los lados, adelante y atrás—¡todo está vivo—todo! Así como los inviernos exponen sus complejidades en la peculiaridad única de cada copo de nieve, el bosque nublado tapiza sus paredes con una simetría asombrosa en la diversidad de sus musgos. Se empieza a oscurecer, pleno medio día, y se asoman nubes grises. “Aquí las tormentas se respetan”, explica el solitario guardabosques. Una advertencia por si acaso el arquitectónico techo, hogar de micos de noche y quetzales, y las vistas de un relieve quebrado infiriendo algún episodio convulsivo en el distante atrás no fueran suficientes para magnificar nuestra fragilidad. Un lugar donde el más necio es hecho sabio al callar, donde unos son condenados y otros asombrados, donde unos fueron ascendidos y otros no supieron hacer diferencia de la jungla de concreto que los aprisiona.

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Foto: Samuel Ceballos – PANAMOSAB, Honduras

“Ha hecho memorables sus maravillas; clemente y misericordioso es Jehová.”

“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria…?” (Salmo 8:3-4ª). Y más que eso, que somos nosotros, para que Dios [Hijo] halla añadido humanidad a su divinidad para expresar su justicia, santidad, misericordia, gracia para hacernos participes del más alto ciclo de todo lo que existe: Ser expuesto a la gloria[1] de Dios, para responder en asombro, reverencia, rendición absoluta y pobreza de espíritu. De esa manera, siendo vos y yo espejos que reflejan Su propia gloria.

Para los que se han encontrado con alguna maravilla natural[2], ¿has notado las buenas sensaciones que les produce esa experiencia, recordar la misma experiencia, y mucho más llevar a otros a tener la misma experiencia? Creo que podemos estar de acuerdo que esto es indiscutiblemente bueno. ¿Podemos también estar de acuerdo que todo lo bueno, si es bueno, vale la pena ser deseado? Además, voy a concluir entonces que si alguien quiere ser bueno, debe desear todo lo bueno. Y es que hay cosas que son subjetivas, a la vez hay otras que en diferentes espacios y épocas son universalmente buenas: el amor, el respeto a la naturaleza, la justicia—por ejemplo. Entonces, siendo Dios la esencia de la bondad absoluta y el Creador de todo lo tangible e intangible, me atrevo a aseverar que el máximo fin para el cual fuimos creados es exponer, exaltar, resaltar y apuntar [amar con todo mi ser] hacia su propia esencia y  hacia cada rayo que resplandece [demuestra] quién es Dios y qué es Dios. Entonces, la máxima satisfacción posible para el ser humano está en amar a Dios con todo su ser.

Cuando amamos a alguien, buscamos cumplir sus deseos. Dios no es humano pues no tiene necesidades, la dinámica es diferente, pero el principio sigue siendo el mismo. Se resalta tremendamente en que Dios es mi Creador, Salvador, Sustentador y Padre, entonces debo obedecerle, si digo que le amo. Si le amo, le obedezco. Si le obedezco, le amo. Dios nos llama a arrepentimiento de nuestra rebelión, egoísmo y rechazo de todo lo bueno; nos llama a creer en su obra redentora por medio de Cristo para traernos a reconciliación con El al punto de hacernos sus hijos y herederos, siendo Cristo el mayor entre muchos hermanos.

“Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús [Cristo], coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos. Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos” (Hebreos 2:9-10). Y así, somos librados del imperio de la muerte, al cual nos entregamos por nuestra maldad, para ser resucitados en Cristo, quien vivió libre de toda maldad y perfecto en bondad. ¿Amas a Dios? Más específicamente, ¿amas a Cristo? Entonces, ¿le obedeces?

Es que una cosa es creer en Dios, y otra es obedecer a Dios.

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Foto: Samuel Ceballos – PANAMOSAB, Honduras

[1] Gloria se define aquí como una demostración de quién y qué es Dios, un rebalse de Su esencia.

[2] Recorda que  hasta cierto punto la belleza está en el ojo del observador. No es necesario ver el Everest para ser maravillado por la naturaleza, puede ser algo que es trivial para unos y asombroso para otros.

El Pecado

El Pecado

Este es un extracto de un estudio que dispersa la neblina y aclara terminos claves para entender la Biblia. Uno de esos terminos es el pecado. Creo que en este pasaje explica de una manera muy eficaz la importancia de comprender qué realmente es el pecado de acuerdo a como Dios lo define, como lo encontramos en su revelación escrita–la Biblia.

A continuación:

El pecado es el problema en nuestro mundo hoy. Ha sido el problema desde el fracaso de Adán y Eva en el jardín de Edén.

El pecado es destructivo para el individuo que lo comete. Es perjudicial a la sociedad en sí. Es contrario a la naturaleza de Dios, por lo tanto, es también ofensiva a Él.

En nuestra sociedad, el pecado es representado como algún tipo de especie para condimentar (o también marinar) todo lo que hacemos como entretenimiento. La escena de cine y de la música lo ha usado por años para añadirle sabor a sus producciones.

(Piense como una película es básicamente buena y le añaden unas cuantas cosas para hacerla menos apta para menores para atraer una audiencia más madura).

El pecado definitivamente le da sabor a la vida. ¿Pero realmente es el tipo de sabor que querés? En realidad, es costoso y al final se convierte en un condimento intensamente amargo que termina siendo nada más que un sustituto barato para lo que Dios tenía para que disfrutáramos de manera segura desde el principio. ¡El pecado es un veneno que mata lentamente!

Si podemos entender lo que es el pecado, en un sentido básico (simplemente ser egoísta), y tomar una convicción sobre ello en nuestras vidas a ese nivel, entonces podemos mantener un equilibrio moral (balance) en una época de locura moral. En una época en la que una perspectiva distorsionada del bien y el mal (desde ´derechos´ de animales a la reversión de la relación de la iglesia y el estado a juegos de azar [casinos & lotería] institucionalizados a intimidad física antes o fuera del matrimonio a homosexualidad hasta el aborto, y más) está siendo aceptada cada vez más a pesar de que lógica simple argumenta lo contrario. La idea de que no hay absolutos morales literalmente ha permeado cada aspecto de nuestra sociedad como nunca antes lo había hecho. Si el pecado no es una realidad, entonces el evangelio es irrelevante y el cristianismo no vale la pena.

Si el pecado no es reconocido claramente, uno no puede llegar a un conocimiento salvador de Cristo.

El autor de este estudio es el Rev. Jonathan Stewart. Traducido al español por Halbert Priday.

Para lectura adicional, recomiendo leer el capitulo 8 del Evangelio según Juan (todo el capitulo). Encontrarán que pensaba Cristo Jesús sobre el pecado. Despues, en Romanos 1:18-2:16, encontrarás una expansión sobre el significado del pecado y sus implicaciones.