Guión de monólogo transmitido en vivo por TVcentroHD  en Siguatepeque, Honduras el 25 de Julio 2017.

Hay preguntas que muchos tememos responder, que otros deciden ignorar. Hay preguntas sobre nuestra existencia a las que aquellos que dicen tener las respuestas simplemente responden con frases gastadas. Hay preguntas que terminan siendo soterradas por el afán del diario vivir pero que regresan a mordernos en nuestros momentos más críticos. Yo creo que debemos encarar las dificultades de estas preguntas y empeñarnos en hallar sus respuestas. Yo creo que las respuestas existen para aquellos que las buscamos.

Friederick Nietzsche, hijo de un pastor cristiano y nieto de pastores cristianos, fue un filósofo muy reconocido hasta hoy, no por sus creencias cristianas. Mas bien, rechazó contundentemente lo que declara el cristianismo y la creencia en Dios. En su parábola titulada, “El hombre loco de la linterna”, habla de un hombre anunciando en el mercado que los hombres han matado a Dios. Pasa a describir nuestra existencia sin Dios: “¿No caemos incesantemente? ¿Hacia adelante, hacia atrás, de lado, de todos lados? ¿Hay aún un arriba y un abajo? ¿No vamos como errantes a través de una nada infinita? ¿No nos persigue el vacío con su aliento?” Después pasa a llamar el asesinato de Dios el acto más grandioso de los hombres. Lo que Nietzsche quiere decir es que la idea de Dios no es capaz de existir como fuente de un código moral—lo que determina lo bueno y lo malo.

Entonces, ¿dónde encontramos un marco o una ley moral? ¿Si Dios ha muerto, que llena ese vacío? ¿Nosotros mismos? Si ven el discurso de Nietzsche, no hay un absoluto o una constante, “no hay un arriba y abajo”. Estas enseñanzas dejan especialmente cuatro preguntas sin responderse:

  1. ¿De dónde viene lo moral—que determina lo bueno y lo malo?
  2. ¿De dónde obtenemos un sentido de propósito?
  3. ¿Qué es esperanza—adonde la hallamos si la vida termina en la tumba?
  4. ¿Qué es el amor y como lo podemos entender?

Esto es sumamente relevante porque, como dijo Chesterton, “el peligro de no creer en Dios no es creer en nada, es terminar creyendo cualquier cosa”.

Y esto no es cosa de filosofía o algo que no incumbe a su vida. La realidad de estos temas en nuestra vida la intento demostrar así:

Hitler inspiró su operación en las enseñanzas de Nietzsche y personalmente presento los escritos de Nietzsche a Mussolini y Stalin. Ellos, entre los tres, crearon un tipo de infierno en este mundo hace apenas unas décadas.

Uno de los súbditos de Hitler, Adolf Eichmann dijo: una muerte es una tragedia, un millón de muertes son una estadística.

El agente israelí que persiguió y capturó a Eichmann en Argentina le pregunto, “cuando te observaba, siempre que llegabas a tu casa un niño te recibía con un abrazo, ¿Quién era?”. Eichmann contesto, “mi hijo de 8 años”. El agente le confrontó, “mataste a mi sobrino de 8 años, ¿cual es la diferencia entre ellos?”. Eichmann respondió, “mi hijo no es judío”.

Esto no ocurrió en una tribu canibalista profundo en la jungla Amazónica. Ocurrió en la cuna del racionalismo, la modernidad y la ciencia—donde existían las máximas expresiones de la raza humana en todos los campos. ¿Hacia dónde podemos recurrir si no hay una moralidad, una verdad absoluta, o un Dios? ¿Adónde voy a encontrar mi valor y tu valor? Las respuestas a estas cuatro preguntas pueden determinar nuestra vida por completo y de eso depende que hallemos valor y propósito en nuestra existencia.

Las cuatro preguntas de las cuales estoy hablando son estas:

  1. ¿De dónde viene lo moral—que determina lo bueno y lo malo?
  2. ¿De dónde obtenemos un sentido de propósito—que valor tiene lo que hago?
  3. ¿Qué es esperanza—adonde la hallamos si la vida termina en la tumba?
  4. ¿Qué es el amor y como lo podemos entender?

En la visión de la vida que propone que nacemos y nuestra existencia termina en el polvo, que no somos más que organismos más avanzados por un proceso de supervivencia, que propone que cada uno define lo que es bueno y lo que es malo: no encuentro una respuesta para estas preguntas. Todos de alguna manera llenamos los vacios que crea nuestra ignorancia de las respuestas y yo pienso que esta es en gran parte raíz de los problemas más cercanos a nosotros: la soledad, el sentirse inútil, la confusión ante la vida, la violencia, el orgullo y la corrupción y el sufrimiento en todas sus expresiones.

Hay un libro considero que sí las responde, donde encontramos una coherencia para nuestra vida que nada mas puede ofrecer. Yo he quedado satisfecho en sus respuestas al punto de determinar mi existencia sobre sus palabras. Ese escrito es la Biblia. Por todo esto, creo que vale la pena que usted y yo dediquemos energía y tiempo en ver con nuestros propios ojos y comprender con nuestras mentes las respuestas que propone este libro–¡y probarlas! Porque si hay algo que debe de tener prioridad en esta vida es la condición de nuestra alma ante la Fuente Eterna de todo lo que existe.

Les invito a que juntos hagamos esta búsqueda de respuestas.

Basado en la disertación de Ravi Zacharias, “Las Cuatro Preguntas” con la que frecuentemente ha introducido sus sesiones de preguntas y respuestas.

Una sombra de la Vía Lactea
Fotografía de Alex Cherney. Loch Ard Gorge, Parque Nacional Port Campbell, Victoria Australia.
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