el que tiene la culpa tiene el poder

el que tiene la culpa tiene el poder

Una generación entera de hombres y mujeres íntegras y capaces fue indiferente, apática y apolítica. El resultado es la inestabilidad que hoy 1 de diciembre 2017 estamos viviendo. El resultado es que nuestras vidas están siendo impactadas y en algunas instancias determinadas por agentes interesados en sus objetivos perversos, untando por donde caminen con la pudrición de su corrupción, incapacidad y pobreza mental.

Reconocemos que durante décadas Honduras fue gobernado por dictaduras militares que eran todas iguales, enfocadas en minarse de beneficios para sus bolsillos, y lo único que variaba era el general o comandante de turno. Ocurría un golpe de estado y continuaba lo mismo. Entiendo que eso produjo callos en la población y se resignaron a continuar su vida diaria: aspirar a un buen trabajo y traer a casa el pan de cada día. Honduras un día pasó a una democracia indirecta[i], donde el ciudadano si tiene voz, y el hondureño no se dió cuenta. Por lo tanto, el vacío que ocupaban los militares pasó a ser ocupado por una tribu de políticos oportunistas.

Hoy es diferente. Estamos viviendo con una juventud que ha visto que ahora si tiene una voz y una audiencia con tan solo incluir los hashtags adecuados; con apretar un botón puede exponer al mundo lo que tiene frente a sus ojos. Sobre todo, nos rehusamos a repetir la misma historia de las generaciones pasadas. La gente, Honduras, está cansada de estar cansada. Es el momento de entrar en acción. Debemos inculcarnos un valor que no se nos inculcó: la responsabilidad civil. Una generación completa de gente buena, honesta y capaz volteó a ver al otro lado o ensartó su cabeza en la arena para regalarle el lugar al corrupto, al inepto, al vándalo. ¿Vamos a hacer lo mismo?

No requiere de mucho. Claro, todos pasamos con el tiempo ocupado, pero si muchos buenos empezamos a aportar unas cuantas horas periódicas al gobierno de nuestras comunidades, a velar por el respeto a la ley allí donde estamos, y servir a la comunidad entonces podemos impactar exponencialmente. Los hondureños ya son trabajadores y son pacíficos, agreguemos el servicio civil a la formula. Se llama provocar un incendio de zacatal para provocar un incendio imparable que queme el bosque plagado y de allí brote un renacer. Para eso, los nuevos líderes deben estar listos y preparados, y así evitar ser secuestrados por otra tribu de oportunistas. Si los simples mortales nos involucramos, cada uno, aportando un poco de su esfuerzo y tiempo, se enciende un fuego de esperanza. En tomar las riendas de nuestras comunidades, tomaremos las riendas de nuestra Honduras—sin una sola gota de sangre.

Es tiempo de ver hondureños conociendo sus propias leyes, leyendo libros que expandan su conocimiento, participando y velando en juntas de barrio, patronatos, cabildos municipales, juntas de corporación municipal, mesas electorales, y demandando cuentas de sus diputados visitando sus oficinas, llamando sus números telefónicos, contactándoles masivamente por redes sociales para exigir trabajo duro, honesto y eficaz a favor de Honduras y las comunidades que representan: que sepan quién es su jefe—los ciudadanos.

No podemos seguir haciendo lo mismo—indiferentes y quejumbrosos—y esperar que cambie para bien nuestro país. Es el momento de meternos en lo que nos incumbe: Honduras y el gobierno de nuestra vida, nuestras comunidades y la república.

Dijo Maistre, “Cada nación tiene el gobierno que se merece”, en nuestras manos esta hacer de esa frase un cumplido para Honduras.

 

Notas

[i] Una democracia indirecta es un sistema de gobierno en el que los ciudadanos eligen entre ellos mismo personas a quienes delegan la función de gobernar y la responsabilidad de toma de decisiones. Una democracia directa es el sistema de gobierno donde los ciudadanos toman las decisiones directamente. La república es otro sistema de gobierno, muy diferente, donde se busca restringir los excesos de la democracia y los excesos de la aristocracia, terratenientes, industriales o nobles.

el hondureño
Foto tomada en la escuela que fue anfitrión a dos mesas electorales en la aldea de Buenas Casas, Siguatepeque, Comayagua, Honduras.
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Nunca antes en la historia…

En su libro Véndele a la Mente, No a la Gente, Jürgen Klaric declara que nunca antes en la historia el individuo ha tenido tanto poder e influencia. Realmente, vivimos en tiempos emocionantes. Estamos en el tiempo en el que Elon Musk ha puesto todos sus recursos al objetivo de colonizar Marte en este siglo. Estamos en el tiempo donde las impresoras 3D amenazan con crear una revolución nunca antes vista desde el motor a vapor. Acechando a la industria de manufactura para darle el poder, una vez mas, al individuo. Andres Oppenheimer presenta ejemplo tras ejemplo en su libro Crear o Morir de las innovaciones mas atrevidas que son punta de lanza de la humanidad.

Mas emocionante aún es que el hondureño después de siglos de quejarse de opresión y de no tener voz, puede gritar a los 4 vientos (en línea) con la certeza de que habrá miles y millones que le podrán escuchar. El tráfico de ideas, filosofías e historia esta generando un despertar en el país. La primera señal rotunda del cambio que se asoma fue el rompimiento del monopolio nacional-liberal al poner una sólida presencia del Partido LIBRE y el Partido Anti-Corrupción en el Congreso, a la vez dándole la espalda a los conocidos dinosaurios “partidos pequeños”.

El hondureño se está despertando y se esta formando silenciosamente una generación de lideres con valores sólidos y una misión clara.

Ahora no es raro encontrar al hondureño emprendedor. Están por todos lados, silenciosamente cambiando su país y, en algunos casos, el mundo. Es cuestión de tiempo que se enlacen, se unan bajo una sola bandera para hacer realidad el cambio que queremos ver.

La revolución de las 13 colonias americanas fue iniciada, luchada y ganada por menos del 5% de su población, según leí un artículo recientemente. 13 pobres colonias. Solo es necesario un loco dispuesto a cambiar su mundo. Honduras tiene locos. Por todos lados.

Es cuestión de tiempo.