¿cristiano y/o ciudadano?

¿cristiano y/o ciudadano?

El apóstol Pedro escribió sus dos cartas a un grupo de cristianos hebreos exiliados en una nación y cultura extraña, carente de reverencia hacia Dios. Se utiliza eso mismo también para dejar muy claro que los hijos de Dios somos ciudadanos de una ciudad celestial. Nuestra patria no está en este mundo: se encuentra en cosas eternas, pues es Dios mismo. Por lo mismo y, por lo tanto: nuestro gozo y paz no están en algo o alguien de este mundo. Cada vez que leo los primeros versos de la primera carta de Pedro me lleno de paz—una paz que no viene de algo en este mundo, pues está anclado en El Eterno—porque sintetiza una vasta riqueza y profundidad sobre Dios y su relación con sus hijos e hijas en unas cuantas frases. Dios dice que “nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros…”, (I Pedro 1:3b-4ª, RV1960).

Continúa escribiendo con palabras a las que les podríamos comentar páginas y páginas, como ya lo han hecho muchos estudiosos. Son palabras que me han servido de bálsamo para reorientarme en estos momentos y corregir mis errores como cristiano, especialmente en el tema que trataremos. Sin embargo, quiero sustentar con eso el siguiente punto: los cristianos no tenemos nada que ganar en esta vida, en esta tierra, todo esta en lo eterno. Todo está en cumplir nuestra misión de predicar que el reino de Dios ha llegado y que hay reconciliación con Dios por nuestra rebelión por medio de la fe en Cristo Jesús.

No obstante, al continuar leyendo encontramos que el escritor entra en temas muy prácticos y hasta cotidianos. En especial quiero que nos enfoquemos en los versículos 11-15 del segundo capítulo:

“Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras.

Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, y a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien.

Porque ésta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos…”

Se explica claramente pero no esta de más resaltar algunos puntos. Comencemos.

Precedentes:

¿Qué encontramos en otros lugares de las Sagradas Escrituras?

No somos Israel, ni estamos conquistando la tierra prometida, ni vivimos en una teocracia, así que las conquistas de Josue y los jueces no aplican. Ah, ¡pero David y Salomon, eran monarcas, ya no era una teocracia! Es correcto. Aun así, no somos Israel, ni estamos conquistando la tierra prometida. Por lo tanto, tampoco aplican. Las iglesias (congregaciones de cristianos) no equivalen a una nación terrenal.

Entonces, ¿qué aplica?

¿Habrá algún ejemplo de un siervo de Dios sometido a un gobierno opresor (incluso exiliado y despojado de todas sus pertenencias)?

Busquemos a Mardoqueo en la historia de Ester—sirviente del Rey Asuero, esposa del rey Asuero respectivamente. Llamaron a oración y ayuno. Fueron fieles a Dios. Fueron mansos como una paloma, astutos como una serpiente[1]. Dios, utilizando a estos dos, salvó del exterminio a la nación de Israel.

Busquemos a Daniel y sus amigos—Daniel sirvió a varios emperadores y llegó a ser el segundo en mando en el imperio. Eso implica influencia, suficiente para que otros quisieran matarlo. Tal vez, suficiente para liderar una insurrección. Nunca llamó a una revolución violenta. Por medio de Daniel y sus amigos, Dios mostró su supremacía y soberanía a un imperio sometido al imperio de la muerte.[2]

Ambos casos parecen seguir este principio encontrado en Eclesiastés 10:4-9:

“Si el espíritu del príncipe (la persona que gobierna tu comunidad) se exaltare contra ti, no dejes tu lugar (con buen testimonio te ganaste su confianza, su oído, un lugar en su corte real: no respondas mal con mal, no perdás los estribos); por que la mansedumbre hará cesar grandes ofensas”.

Conclusiones:

Finalmente miremos a Jesús, “dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”[3]. Cristo dejó muy claro, que si el venía a establecer un reino terrenal (como muchos creyeron y esperaban), El hubiera vencido en un instante con legiones de ángeles. El reino de Cristo es eterno, es espiritual. En su ministerio Jesús incluso prevenía provocar alguna posible idea de que se dijera que estaba formando un movimiento enfrascado en cosas terrenales (como derrocar el gobierno romano, de verdad opresor). La posibilidad de que Jesús era un revolucionario está muy lejos de lo que nos dice la Biblia.

Por otro lado, los mas interesados en vivir en y preservar una república somos nosotros los cristianos. Pues desde el inicio de la primera iglesia hasta este preciso momento, han estado muriendo cristianos por vivir en comunidades sin libertades como las que gozamos en nuestra sociedad. Entendiéndose que cada derecho conlleva un deber, si seguimos los principios en la primera carta de Pedro, me parece que todos los que profesamos ser seguidores de Cristo debemos cumplir con ciertos deberes. Es allí donde los cristianos hemos brillado por nuestra ausencia. ¡Como se siente hoy las consecuencias de esa ausencia! Ahora, estoy consciente de que cada uno tendrá su opinión del alcance de la participación del cristiano y yo solamente daré una más.

De algo estoy seguro, es que un cristiano que se beneficia de una democracia tiene el deber de participar responsablemente en su comunidad más allá de manchar unas papeletas cada elección general. Me asusta la idea de beneficiarme de una sociedad y no aportar ni lo más mínimo en el orden y gobierno de la misma. Esa responsabilidad pienso que incluso alcanza mas allá que escoger cuidadosamente sus candidatos. Esa responsabilidad incluye servicio a beneficio de la comunidad, velar por la transparencia y la integridad de sus gobernantes, participación en el gobierno de la misma e incluye la formación de las siguientes generaciones. Esto, sumado a lo que ya todo cristiano hace en su relación con Dios.

No se trata de política. Se trata de servir tanto, que uno se gana la confianza de un gobernante, para servir como una luz en su servicio civil. Se trata de que guardemos nuestra manera de vivir ante los no creyentes de modo que al final solo se nos pueda criticar por seguir a Cristo y nada más. Se trata de que, en hacer el bien, callemos la ignorancia de los insensatos. Se trata de que seamos luz en la oscuridad.

Específicamente, necesitamos participar mucho mas a nivel de aldea, barrio y colonia, municipio, región y nación. Tiene que verse la luz en toda faceta de la vida. Ojo, estoy hablando del cristiano—el individuo; no de la autoridad jerárquica de una denominación.

[1] Mateo 10:16

[2] Hebreos 2:14

[3] Mateo 22:21

Paz en Honduras
“Paz en Honduras” por Jonny Miller, San Pedro Sula, Diciembre, 2017.
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el que tiene la culpa tiene el poder

el que tiene la culpa tiene el poder

Una generación entera de hombres y mujeres íntegras y capaces fue indiferente, apática y apolítica. El resultado es la inestabilidad que hoy 1 de diciembre 2017 estamos viviendo. El resultado es que nuestras vidas están siendo impactadas y en algunas instancias determinadas por agentes interesados en sus objetivos perversos, untando por donde caminen con la pudrición de su corrupción, incapacidad y pobreza mental.

Reconocemos que durante décadas Honduras fue gobernado por dictaduras militares que eran todas iguales, enfocadas en minarse de beneficios para sus bolsillos, y lo único que variaba era el general o comandante de turno. Ocurría un golpe de estado y continuaba lo mismo. Entiendo que eso produjo callos en la población y se resignaron a continuar su vida diaria: aspirar a un buen trabajo y traer a casa el pan de cada día. Honduras un día pasó a una democracia indirecta[i], donde el ciudadano si tiene voz, y el hondureño no se dió cuenta. Por lo tanto, el vacío que ocupaban los militares pasó a ser ocupado por una tribu de políticos oportunistas.

Hoy es diferente. Estamos viviendo con una juventud que ha visto que ahora si tiene una voz y una audiencia con tan solo incluir los hashtags adecuados; con apretar un botón puede exponer al mundo lo que tiene frente a sus ojos. Sobre todo, nos rehusamos a repetir la misma historia de las generaciones pasadas. La gente, Honduras, está cansada de estar cansada. Es el momento de entrar en acción. Debemos inculcarnos un valor que no se nos inculcó: la responsabilidad civil. Una generación completa de gente buena, honesta y capaz volteó a ver al otro lado o ensartó su cabeza en la arena para regalarle el lugar al corrupto, al inepto, al vándalo. ¿Vamos a hacer lo mismo?

No requiere de mucho. Claro, todos pasamos con el tiempo ocupado, pero si muchos buenos empezamos a aportar unas cuantas horas periódicas al gobierno de nuestras comunidades, a velar por el respeto a la ley allí donde estamos, y servir a la comunidad entonces podemos impactar exponencialmente. Los hondureños ya son trabajadores y son pacíficos, agreguemos el servicio civil a la formula. Se llama provocar un incendio de zacatal para provocar un incendio imparable que queme el bosque plagado y de allí brote un renacer. Para eso, los nuevos líderes deben estar listos y preparados, y así evitar ser secuestrados por otra tribu de oportunistas. Si los simples mortales nos involucramos, cada uno, aportando un poco de su esfuerzo y tiempo, se enciende un fuego de esperanza. En tomar las riendas de nuestras comunidades, tomaremos las riendas de nuestra Honduras—sin una sola gota de sangre.

Es tiempo de ver hondureños conociendo sus propias leyes, leyendo libros que expandan su conocimiento, participando y velando en juntas de barrio, patronatos, cabildos municipales, juntas de corporación municipal, mesas electorales, y demandando cuentas de sus diputados visitando sus oficinas, llamando sus números telefónicos, contactándoles masivamente por redes sociales para exigir trabajo duro, honesto y eficaz a favor de Honduras y las comunidades que representan: que sepan quién es su jefe—los ciudadanos.

No podemos seguir haciendo lo mismo—indiferentes y quejumbrosos—y esperar que cambie para bien nuestro país. Es el momento de meternos en lo que nos incumbe: Honduras y el gobierno de nuestra vida, nuestras comunidades y la república.

Dijo Maistre, “Cada nación tiene el gobierno que se merece”, en nuestras manos esta hacer de esa frase un cumplido para Honduras.

 

Notas

[i] Una democracia indirecta es un sistema de gobierno en el que los ciudadanos eligen entre ellos mismo personas a quienes delegan la función de gobernar y la responsabilidad de toma de decisiones. Una democracia directa es el sistema de gobierno donde los ciudadanos toman las decisiones directamente. La república es otro sistema de gobierno, muy diferente, donde se busca restringir los excesos de la democracia y los excesos de la aristocracia, terratenientes, industriales o nobles.

el hondureño
Foto tomada en la escuela que fue anfitrión a dos mesas electorales en la aldea de Buenas Casas, Siguatepeque, Comayagua, Honduras.

Nunca antes en la historia…

En su libro Véndele a la Mente, No a la Gente, Jürgen Klaric declara que nunca antes en la historia el individuo ha tenido tanto poder e influencia. Realmente, vivimos en tiempos emocionantes. Estamos en el tiempo en el que Elon Musk ha puesto todos sus recursos al objetivo de colonizar Marte en este siglo. Estamos en el tiempo donde las impresoras 3D amenazan con crear una revolución nunca antes vista desde el motor a vapor. Acechando a la industria de manufactura para darle el poder, una vez mas, al individuo. Andres Oppenheimer presenta ejemplo tras ejemplo en su libro Crear o Morir de las innovaciones mas atrevidas que son punta de lanza de la humanidad.

Mas emocionante aún es que el hondureño después de siglos de quejarse de opresión y de no tener voz, puede gritar a los 4 vientos (en línea) con la certeza de que habrá miles y millones que le podrán escuchar. El tráfico de ideas, filosofías e historia esta generando un despertar en el país. La primera señal rotunda del cambio que se asoma fue el rompimiento del monopolio nacional-liberal al poner una sólida presencia del Partido LIBRE y el Partido Anti-Corrupción en el Congreso, a la vez dándole la espalda a los conocidos dinosaurios “partidos pequeños”.

El hondureño se está despertando y se esta formando silenciosamente una generación de lideres con valores sólidos y una misión clara.

Ahora no es raro encontrar al hondureño emprendedor. Están por todos lados, silenciosamente cambiando su país y, en algunos casos, el mundo. Es cuestión de tiempo que se enlacen, se unan bajo una sola bandera para hacer realidad el cambio que queremos ver.

La revolución de las 13 colonias americanas fue iniciada, luchada y ganada por menos del 5% de su población, según leí un artículo recientemente. 13 pobres colonias. Solo es necesario un loco dispuesto a cambiar su mundo. Honduras tiene locos. Por todos lados.

Es cuestión de tiempo.